"El
fútbol atrae a los hombres de negocios porque les
permite asumir la doble función de productores y
consumidores. Invierten porque lo consideran un medio de
producción, un instrumento para conseguir, en el
largo plazo, mayores beneficios en sus áreas de interés
(productores). Invierten porque es un bien de consumo especial,
que les brinda prestigio y benevolencia de forma directa
e inmediata (consumidores)": MASSIMO MAZZONI, Università
di Firenze
RESUMEN
El
FÚTBOL más que un fenómeno económico
es el ESTADIO con los cimientos de la legitimidad social para
la clase política que busca el consentimiento popular
entre una enorme urna electoral tras posar como magnates o
filántropos. La compra del club maximiza los beneficios
de posición y mejora la imagen del empresario en la
zona de interés. Así, el rico y potente barón
se convierte en el icono para los consumidores del producto
deportivo que ve en el inversor el interlocutor que arriesga
por llenar sus preferencias emocionales. El caso de SILVIO
BERLUSCONI dibuja este axioma. Enriquecido primero con la
construcción y luego con las televisiones, vio en el
fútbol un vector extraordinario para movilizar a las
masas. Adquirió el MILAN y, con él, una plataforma
social que simbolizaba su propio éxito empresarial.
Todo esto representó una pieza fundamental en la creación
de una fuerza política y en su ascenso como Primer
Ministro de los italianos. Con la lectura de este informe,
usted podrá conocer en profundidad la metamorfosis
de un negocio que durante años busca reinventar su
rentabilidad en un mercado que representa una comunidad de
intereses con fuertes connotaciones políticas, sociales
y religiosas. O lo que MASSIMO MAZZONI llama la religión
secular, una pasión identificadora que involucra a
millones de consumidores...