El
salto global de la marca inglesa CHELSEA
ESCRITO
POR RALF STEVEN ORION, LONDRES
RESUMEN
Roman
Abramovich es un hombre de negocios. Cuando hace tres este millonario
ruso compró el Chelsea inglés, lejos de satisfacer
su 'pasión' por el fútbol, buscaba construir una
empresa global con los mejores jugadores de la industria y una
logística capaz de sostener en el mercado un producto de
alto consumo al estilo de los dos grandes referentes del mercado
- Manchester United y Real Madrid -, pero con una diferencia:
es el único dueño de la empresa. Este hombre de
43 años y considerado uno de los más adinerados
del mundo con una fortuna cercana a los 16.000 millones de euros,
se hizo rico durante la presidencia de Boris Yeltsin. Aprovechó
la privatización de las grandes empresas estatales del
petróleo y el gas de la antigua Unión Soviética
para comprar barato y vender a precio de oro. Hoy sabe que el
futuro del petróleo ruso en manos privadas no está
asegurado tras las decisiones del presidente Putin de nacionalizar
la industria, situación que afectará los intereses
como dueño del 80 por ciento de las acciones de la quinta
petrolera rusa y la principal fuente de su millonario capital.
Por lo tanto acude a la diversificación comercial para
sostener con rentabilidad su capital. Y parece encontrarla en
el montaje y desarrollo de una empresa deportiva, el club de la
primera división del fútbol inglés, sin descuidar
dos más de sus grandes inversiones. La mitad de las acciones
que posee en el principal consorcio ruso de aluminio, y un cuarto
de la compañía de aviación Aeroflot.
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