MANCHESTER
UNITED, un retorno de inversión con muchos interrogantes ESCRITO
POR RALF STEVEN ORION, LONDRES
RESUMEN
Al
'duende' Malcolm Glazer los ingleses le echaron la puerta a la
cara. No lo aceptaban como dueño de uno de los símbolos
deportivos más queridos: el Manchester United, ejemplo
de empresa en la industria mundial del fútbol. La frustración
del 'duende' creció hasta sentir agredido su orgullo americano.
En octubre de 2004, la unidad de negocios dio por terminadas las
conversaciones con el millonario estadounidense sobre una posible
oferta de compra por considerar que 'no era económicamente
la mejor opción', y que una posible OPA de Glazer, para
entonces dueño de 28,11 por ciento de las acciones, se
apoyaba en varios préstamos, situación que colocaba
en riesgo la estabilidad económica del equipo. Acto seguido,
no pudo colocar a sus representantes en un lugar de privilegio
de la junta de socios que toma las principales decisiones de la
empresa. Señaló a los hinchas de "xenófobos".
Viajó a Estados Unidos, convocó a sus asesores financieros
y regresó a Londres con la valija repleta de 1.500 millones
de dólares, y acompañado de sus hijos, Avi y Joel,
como los 'atacantes' para resolver el partido de único
propietario. Más dinero y menos préstamos que la
propuesta anterior era el objetivo de persuasión.
Pero
a Malcolm Glazer se le acaba la energía para seguir en
el mundo de los negocios del deporte. Su salud se deteriora. Y
antes que las facultades plenas reaccionen en su contra, decide
'asegurar' el patrimonio a sus hijos en dos inversiones que dentro
de su imperio económico son la 'joya de la corona' por
la pasión que el magnate americano puso a cada gestión
de negocio. Se trata de la franquicia Tampa Bay Buccaneers del
fútbol estadounidense, y la empresa de la Liga Premier
inglesa, Manchester United.